viernes, 30 de abril de 2010

CASA PENTIMENTO

MATERIALES DE PROYECTO 7/PROJECT MATERIALS 7

José María Sáez/David Barragán
La Morita, Quito. Ecuador.
2005-2006

Una obra, que desde su concepción, posee mucho rigor constructivo: resuelve con una sola pieza prácticamente toda la casa, haciendo de ella un lugar de reposo, de contacto con la naturaleza y de vivencia social muy rica. Logró el Premio Nacional de Diseño Arquitectónico Concurso Panamericano de la XV Bienal de Arquitectura de Quito y el Primer Premio a la Mejor Obra Joven de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo de Lisboa 2008.

"Una pieza prefabricada de hormigón, que puede situarse en el montaje en cuatro posiciones, resuelve estructura, cerramiento, mobiliario, escaleras y una fachada jardín que es el origen del proyecto. Por fuera es una retícula neutra que se camufla de valla o de seto. Al interior, cada muro es distinto y se ajusta a sus necesidades de escala, función o posición.
"La naturaleza se integra a la arquitectura en los árboles dentro de los cuartos, el muro de macetas que soporta la casa, las rendijas que filtran la vegetación y la luz. Estas mismas rendijas al interior sostienen piezas de madera en volado que se convierten en estanterías, asientos, mesas y escalones.
"Una sola pieza, una sola acción constructiva de apilado. Hacia el exterior es prolongación vertical del jardín, hacia el interior es mobiliario: entorno y usuario convergen en el muro."




















Propietaria: Desiree Marín
Colaboración: Alejandra Andrade
Construcción: Jaime Quinga
Prefabricados: Hector Sánchez
Ingeniería: César Izurieta
Créditos Fotográficos: Raed Gindeya, Raúl Yépez, Jose María Sáez, David Barragán

Fuentes:
La mayoría de las imágenes y texto descriptivo fueron proporcionados por el arquitecto José María Sáez, agradecemos su especial deferencia.
http://www.plataformaarquitectura.cl
http://arqsaez.com
http://www.albordearq.com

lunes, 29 de marzo de 2010

PRITZKER 2010: SANAA


“Por su arquitectura que es delicada y poderosa de forma simultánea, precisa y fluida, ingeniosa pero no demasiado inteligente (o abiertamente inteligente); por la creación de edificios que interactúan de manera satisfactoria con su contexto y las actividades que recogen, creando una sensación de gran riqueza experimental; por un lenguaje arquitectónico muy singular que brota de un proceso de colaboración; por el gran numero de edificios construidos y la promesa de los nuevos”

http://www.pritzkerprize.com/laureates/2010/textmediakit.html

lunes, 1 de marzo de 2010

UNA BUENA CIUDAD ES MEJOR QUE UNA BUENA CASA

EPISODIOS 8 / EPISODES 8



Felix Claus (Arnhem, 1956), su socio, Kees Kaan (Breda, 1961), y los 80 arquitectos que trabajan con ellos -repartidos en sendos estudios en Amsterdam y Rotterdam- representan el otro lado de la arquitectura holandesa actual. Una apuesta por la discreción, por el silencio, que les ha llevado a predicar por todas las universidades donde han dado clases (Columbia, Saint Louis, Misuri, UCLA...) la necesidad de una arquitectura humilde.

PREGUNTA. ¿A qué obedece esa actitud? ¿No todo es Koolhaas en Holanda?

RESPUESTA. Me temo que no. En absoluto. En Holanda tenemos una cultura arquitectónica bastante rica porque la arquitectura todavía forma parte de la sociedad. En Estados Unidos es sólo para millonarios y para ocasiones muy especiales. Pero en los Países Bajos es para cada día y para todo el mundo: algo normal. Por eso un arquitecto es también alguien normal con una profesión: el equivalente a un médico o a un dentista. No es una estrella. Así, nosotros estamos más interesados en las cualidades físicas de la arquitectura y no tanto en su problemática, en su capacidad mediática o en su potencial para el desarrollo de la modernidad. Nos preocupa la continuidad de la profesión en todos sus aspectos. Koolhaas es algo aparte. Es como Rembrandt, alguien único. Es absurdo que nadie trate de copiarlo porque los genios son únicos.

P. Pero muchos arquitectos jóvenes sí siguen su estela.

R. Sí, claro. Ése es el problema de la modernidad. El concepto de modernidad empezó en el siglo XX con Picasso. Él fue el primer genio reconocido mundialmente, mediáticamente. Todo el mundo después quiso ser como él. Le Corbusier tradujo esa idea a la arquitectura. Y se convirtió en un arquitecto mediático. En todas las universidades del mundo, millones de estudiantes tratan de convertirse en genios, pero está claro que eso es imposible. El genio es único. Imagínese que en la esquina de cada calle apareciese un edificio genial. Las ciudades serían ridículas. Con todo, la tragedia de la arquitectura es que en el fondo muchos arquitectos que podrían ser buenos, correctos profesionales, se empeñan en ser genios.

P. Como Mies van der Rohe, ¿ustedes no quieren reinventar la arquitectura cada lunes por la mañana?

R. Preferimos ser buenos a ser interesantes.

P. ¿Creen que mucha arquitectura actual se hace la interesante?

R. Claro que sí. Y no les culpo. También nosotros tenemos que hacernos los interesantes para ganar atención. Si no lo haces, tus clientes creen que estás pasado de moda o algo peor. Todos los arquitectos tratamos de conseguir atención. Pero eso no es nuevo. Siempre fue así: en la Edad Media, en el siglo XVIII, en todos los tiempos nos hemos tenido que vender. Pero eso sólo es uno de los aspectos de la arquitectura, no el único. Permitir que la imagen que vendemos sea lo más importante es confundir la disciplina.

P. ¿Cómo trata de vender su trabajo?

R. Somos afortunados. En Holanda la arquitectura es algo normal, importante. No porque se hable de ella sino porque está para usarse. Y hay mucha. Por eso hay mucho trabajo. Tenemos clientes profesionales que no buscan a sus arquitectos en las revistas. Buscan relaciones a largo plazo, calidad, servicio, atención. El ayuntamiento es clave en la arquitectura de las ciudades holandesas. Apuestan por ciudades para los ciudadanos. No por monumentos para mayor gloria de los políticos. La gente es exigente, está acostumbrada a exigir, y las leyes reflejan esa exigencia.

P. ¿Las leyes?

R. Hay una ley de principios del siglo XX que obliga a los lugares públicos a convertirse en extensiones de las viviendas. Por eso las viviendas son generadores de más arquitectura. Todos nuestros arquitectos empiezan construyendo viviendas. Koolhaas también hizo su primera obra firmando viviendas sociales.

P. En Madrid ha impartido un máster sobre vivienda a arquitectos en la Complutense. ¿Qué les ha enseñado?

R. La vivienda está basada en el conocimiento. Tiene que ver con retretes, comidas, con el cuerpo humano. Y tiene que ver con el espacio público que es la esencia de la sociedad occidental. El espacio público es nuestra idea de la libertad: el lado político de nuestra profesión. Si toma las ciudades modernas, su espacio público representa ideales clásicos: humanismo, libertad y privacidad. En la calle somos iguales y, por lo tanto, libres. En privado somos secretos. Eso sólo funciona en determinado tipo de ciudad: uno debe sentir el espacio público como propio, seguro, abarcable, disfrutable. No es el caso de Estados Unidos. Allí pocas ciudades tienen una idea del espacio público. Los arquitectos tenemos la responsabilidad de pensar ese espacio, que es el de la libertad, el que mejora la vida de las personas en la ciudad. Las casas mejoran la vida relativamente, la ciudad fundamentalmente. Holanda vivió una burbuja económica hace diez años. Se podía hacer de todo. Los clientes no eran críticos y muchos arquitectos hicieron locuras. Eso afecta a la reputación de la arquitectura y a la integración de la ciudad. La ciudad desintegrada es un desastre: campo abonado para los guetos. Ayer estuve en un suburbio de Madrid: sólo había casas para ricos. Me pareció un desastre. Seguro que hay también suburbios pobres, pero no sabría decir cuál es peor. Ni más peligroso.

P. En España tenemos un problema enorme con la vivienda. Cada vez son más pequeñas y más caras. ¿Cuál es su idea para solucionar esa carencia?

R. De nuevo el espacio público. Una buena ciudad es mejor que una buena casa, por una cuestión sencilla: una ciudad puede hacer cosas mayores y mejores. La gente tiene más poder del que cree. El público puede cambiar un barrio. En Holanda la gente está volviendo a las ciudades. Se han hartado de la piscina, el garaje y el perro y prefieren la vida de barrio, ir al colegio caminando. La ciudad sigue siendo el mejor lugar para vivir. Los suburbios terminarán por matarnos.

P. Hablan de aceptar la banalidad de la construcción, de dejar a un lado teorías. Reivindican la parte física, tangible, de la arquitectura: los materiales, la construcción, las personas. ¿Hay demasiada teoría en la arquitectura de hoy?

R. Hay mucha. Cuando doy clases en Estados Unidos me doy cuenta de que los estudiantes son elocuentes, pueden hablar de cualquier filósofo francés y aplicar sus teorías a un diseño. Pero no saben nada de arquitectura. Nunca han construido ni se han acercado a una obra. Admiro la teoría. Es necesario pensar. Pero la teoría tiende un puente entre el cerebro y la mano. Para construir tienes que bajar al mundo real. Creo en la ciencia, la teoría debe reflejar la práctica y no al revés.

P. Ha dicho que el progreso de la arquitectura pasa por la aceptación del contexto.

R. De todos los contextos. Un arquitecto es un colaborador, alguien que une política, terreno, trabajadores... Debe tener mucho cuidado antes de empezar. Se ha de conocer el contexto. Por eso yo no trabajo en China. No estoy de acuerdo con ese contexto.

P. ¿Cree que mucha arquitectura no acepta el contexto?

R. El problema de la arquitectura actual es que hay demasiados arquitectos tratando de hacer piezas de las que se consiguen una vez en la vida. Ni siquiera Jean Nouvel puede lograr un edifico único más que cada diez o doce años. Eso significa que el mundo se está llenando de bromas. Hoy en día las revistas de arquitectura deberían llevar una marca: "Advertencia: no trate de hacerlo en casa".

P. Mucha gente cree que este tipo de arquitectura identifica el progreso. ¿Cuál es su idea del progreso en arquitectura?

R. La arquitectura tuvo un papel, a principios del siglo XX, abriendo la mentalidad de la sociedad. Hoy, en Europa, vivimos en un mundo libre, nutrido, de abundancia, deberíamos darnos cuenta de lo que tenemos y preguntarnos si no estamos a punto de destrozarlo. A veces temo que los arquitectos destrocemos nuestro papel en la sociedad, como sucedió en el Reino Unido después de los sesenta. El progreso para mí es ser responsable.

Anatxu Zabalbeascoa

Fuente: El País. 26/08/2006
Fotografía: www.geertfotografeert.nl

lunes, 4 de enero de 2010

BAUHAUS PARA TODOS

EPISODIOS 7 / EPISODES 7


"La escuela Bauhaus se identifica a menudo con la costumbre de construir edificios rectangulares y amueblarlos con buen gusto. Sin embargo, 90 años después de que la fundara Walter Gropius, una institución educativa casi centenaria que apenas subsistió tres lustros, todavía mantiene un halo intacto de revuelta y de modernidad radical. La gran exposición Modelo Bauhaus, inaugurada estos días en el Martin-Groupius-Bau de Berlín, presenta más de 1.000 objetos originales de aquellos 14 años entre 1919 y 1933. Muebles y demás menaje, maquetas de edificios, vestidos, dibujos, pinturas o fotografías atestiguan el entusiasmo creativo de los alumnos y los profesores de la escuela. Su enorme disparidad desmiente que existiera algo así como un "estilo Bauhaus", e incita a reflexionar sobre las aspiraciones y los logros de ese proyecto utópico. La codirectora de la exposición, Ulrike Bestgen, destaca las paradojas de la escuela Bauhaus. Pretendían democratizar las artes, pero hoy sus objetos son carísimas piezas de coleccionista. Trataban de "mejorar la vida" de todos, pero la escuela nunca abandonó un elitismo despreciado por la mayoría de sus contemporáneos. Su modelo, el trabajo comunitario y anónimo de los gremios de construcción medievales (las bauhütten), no impidió el aplauso público a los miembros más prominentes, como Gropius o Ludwig Mies van der Rohe. Ni siquiera la aureola de campeona antinazi queda intacta: algunos colaboraron con el régimen, Fritz Ertl, fue oficial de la SS y arquitecto del campo de exterminio de Auschwitz. Para Bestgen, la Bauhaus son "muchas Bauhäuser".

Sin duda, un factor del mito popular es su accidentada historia. La victoria local de la ultraderecha la obligó a abandonar Weimar en 1925 y, de las muchas ciudades que se ofrecieron para albergarla, Gropius eligió Dessau: el Silicon Valley de su tiempo, donde Junkers fabricaba sus aeroplanos. El gobierno municipal encargó a Gropius un nuevo edificio para su escuela. En la Bauhaus de Dessau, una construcción de techo plano y enormes cristaleras, la academia vivió sus años dorados. Los nazis los expulsaron en 1932. Ya en Berlín, la Bauhaus sobrevivió hasta la victoria de Adolf Hitler en 1933. La dispersión de maestros y alumnos por todo el mundo sirvió para extender los métodos y las enseñanzas de la institución. Así, Hannes Meyer, comunista convencido, marchó a la Unión Soviética, que tuvo que abandonar por México en pleno terror estalinista. Los otros dos ex directores, Mies van der Rohe y Walter Gropius, emigraron a Estados Unidos. Allí triunfaron como arquitectos.
Precisamente la arquitectura asociada a la Bauhaus alimentó la reputación de su formalismo y frialdad racional. La exposición berlinesa demuestra que es un equívoco. Para empezar, con la policromada Torre del Fuego, obra del docente y estudioso de los colores Johannes Itten. El círculo cromático que diseñó Itten ha servido para ordenar cronológicamente los diferentes espacios de la exposición.
Itten era vegetariano y andaba en una especie de túnica o bata. Resulta la antítesis del atildado Gropius, que admiraba la arquitectura industrial estadounidense y la comparaba con las pirámides de Egipto. Al pasar de una sala a otra, el visitante se topa con estas contradicciones, con diversos estilos, muchos colores y con los más diversos utensilios. Algunos son hoy paradigma de elegancia en medio mundo. El mobiliario de la Bauhaus tampoco se limitó a las celebérrimas y hoy prohibitivas sillas tubulares o a los sofás modelo Barcelona de Mies van der Rohe. Puede verse en un lugar prominente la Silla Africana de Marcel Breuer y Günta Stölzl, hecha de bambú, seda, cáñamo y algodón, cuyo aspecto difiere tanto del sillón B3 de Breuer como podría diferir del trono imperial de la China.
Se asombrará el visitante de que atribuyan el lema "menos es más" a Mies van der Rohe, que entre 1930 y 1933 dirigió una escuela donde cabían tanto los juegos dadaístas de Herbert Bayer como los experimentos de índole práctica con formas, colores y materiales."

Juan Gómez

Fuente: EL PAÍS. 26-07-2009.
Fotografía: ABC.es

miércoles, 9 de diciembre de 2009

EL TIEMPO ES HOY

VIDEOS 1

Un vídeo que tiene que ver no solo con nuestra responsabilidad en nuestra forma de concebir la arquitectura actual, sino con nuestra existencia misma.





miércoles, 25 de noviembre de 2009

MIES VAN DER ROHE DIES AT 83. LEADER OF MODERN ARCHITECTURE.

EPISODIOS 6 / EPISODES 6



August 19, 1969
Special to The New York Times

CHICAGO, Aug. 18--Mies van der Rohe, one of the great figures of 20th-century architecture, died in Wesley Memorial Hospital here late last night. He was 83 years old.

Mr. van der Rohe had entered the hospital two weeks ago.

He is survived by two daughters, Mrs. Georgia van der Rohe and Mrs. Marianne Lohan; five grandchildren and six great-grandchildren.

Expressed Industrial Spirit

By ALDEN WHITMAN
Ludwig Mies van der Rohe, a man without any academic architectural training, was one of the great artist-architect-philosophers of his age, acclaimed as a genius for his uncompromisingly spare design, his fastidiousness and his innovations.

Along with Frank Lloyd Wright and Le Corbusier, the German-born master builder who was universally know as Mies (pronounced mees) fashioned scores of imposing structures expressing the spirit of the industrial 20th century.

"Architecture is the will of an epoch translated into space," he remarked in a talkative moment. Pressed to explain his own role as a model for others--a matter on which he was shy, as he was on most others--he said:

"I have tried to make an architecture for a technological society. I have wanted to keep everything reasonable and clear--to have an architecture that anybody can do."

A building, he was convinced, should be "a clear and true statement of its times"--cathedrals for an age of pathos, glass and metal cages for an age of advanced industrialism.

He thought the George Washington Bridge in New York an outstanding example of a structure expressing its period, and he used to go to admire it whenever he visited the city.

"It is the most modern building in the city," he remarked in 1963.

He was fond of the bridge because he considered it beautifully proportioned and because it did not conceal its structure. Mies liked to see the steel, the brick, the concrete of buildings show themselves rather than be concealed by ornamentation. A 20th-centrury industry building had to be pithy, he believed.

Influence on Colleagues

Mies's stature rested not only on his lean yet sensuous business and residential buildings, but also on the profound influence he exerted on his colleagues and on public taste. As the number of his structures multiplied in the years since World War II and as their stunning individuality became apparent, critical appreciation flowed to him in torrents, and his designs and models drew throngs to museums where they were exhibited. It became a status symbol to live in a Mies house, to work in a Mies building, or even to visit one.

The Mies name had already been established among architects long before he came to the United States in 1937. In 1919 and 1921 in Berlin he designed two steel skyscrapers sheathed in glass from street to roof. Although the buildings were never erected, the designs are now accepted as the originals of today's glass-and-metal skyscrapers.

Ribbon Windows

In 1922 Mies introduced the concept of ribbon windows, uninterrupted bands of glass between the finished faces of concrete slabs, in a design for a German office building. That has since become the basis for many commercial structures.

Mies, in 1924, produced plans for a concrete villa that is now regarded as the forerunner of the California ranch house. He is also said to have foreshadowed the return of the inner patio of Roman times in an exhibition house built in 1931; to have started the idea of space dividers, the use of cabinets or screens instead of walls to break up interiors; and to have originated the glass house, with windows and glass sliding panels extending from floor to ceiling to permit outside greenery to form the visual boundaries of a room.

Apart from simplicity of form, what struck students of Mies's buildings was their painstaking craftsmanship, their attention to detail.

"God is in the details," Mies liked to say.

In this respect the buildings reflected the man, for Mies was fussy about himself. A large, lusty man with a massive head topping a 5-foot, 10-inch frame, he dressed in exquisitely hand-stitched suits of conservative hue, dined extravagantly well on haute cuisine, sipped the correct wines from the proper goblets, and chained-smoked hand-rolled cigars.

Gold Chain for Watch

For a man so modern in his conceptions, he had more than a touch of old-fashionedness. It showed up in such things as the gold chain across his waistcoat, to which was attached his pocket timepiece. Rather than live in a contemporary building or one of his own houses--he briefly contemplated moving to a Mies apartment but feared fellow tenants might badger him--he made his home in a high-ceilinged, five-room suite on the third floor of an old-fashioned apartment house on Chicago's North Side. The thick-walled rooms were large and they included, predictably, a full kitchen with an ancient gas range for his cook.

The apartment contained armless chairs and furniture of his own designs as well as sofas and wing chairs--in which he preferred to sit. The walls were stark white; but the apartment had a glowing warmth, given off by the Klees, Braques and Schwitterses that dotted its walls. Paul Klee was a close friend, and Mies's collection of Klees was among the finest in private hands.

Mies's chairs were almost as well known as his buildings, and they were just as spare. He designed his first chair, known as the MR chair in 1926. It had a caned seat and back and its frame was tubular steel. There followed the Barcelona chair, an elegant armless leather and steel design of which the legs formed an X; the Tugendhat chair, an armless affair of leather and steel that resembled a square S; and the Brno chair, with a steel frame and leather upholstery that looked like a curved S.

The bottoms of all these chairs were uniformly wide, a circumstance that puzzled furniture experts until one of them asked Mies for an explanation. It was simple, he said; he had designed them with his own comfort in mind.

Recognition After 50

Mies did not receive wide public recognition in the United States until he was over 50 years old. Up to 1937 he lived in Germany, where he was born, at Aachen, on March 27, 1886. Emigrating to Chicago, he had to wait for the postwar building boom before many of his designs were translated into actuality. At his death, examples of his work were in Chicago, Pittsburgh, Des Moines, Baltimore, Detroit, Newark, New York, Houston, Washington, Sao Paulo, Mexico City, Montreal, Toronto and Berlin. All his buildings were dissimilar, although the same basic principles were employed in each.

The principles centered in a gothic demand for order, logic and clarity.

"The long path through function to creative work has only a single goal," he said, "to create order out of the desperate confusion of our time."

One Mies structure, accounted among his outstanding ones, is the 38-story dark bronze and pinkish-gray glass Seagram Building on Park Avenue between 52d and 53d Streets. The building, which was designed in association with Philip C. Johnson, has been called by appreciative critics the city's most tranquil tower and "the most beautiful curtain-wall building in America." It emphasizes pure line, fine materials and exact detailing outside and in. Special attention was paid to the room numbers, doorknobs, elevator buttons, bathroom fixtures and mail chutes, as well as the furniture.

The building's grace is enhanced by its being set in a half-acre fountained plaza of pink granite. It was begun in 1956 and completed two years later at a cost of $35-million. It was, at the time, the city's most costly office building.

Not everyone who gazed upon it or watched its extruded bronze aging was convinced of its beauty. Acerbic nonarchitectural critics pointed out that the tower rises 520 feet without setbacks and that it is unornamented. It is too spare, they said. One likened it to an upended glass coffin.

The Seagram Building ranked third in Mies's offhand list of his six favorites, chosen to illustrate his most notable concept--"Less is more." (By this Delphic utterance he meant achieving the maximum effect with the minimum of means.)

First on the list was the Illinois Institute of Technology's Crown Hall. This is a single glass- walled room measuring 120 feet by 220 feet and spanned by four huge trusses. The structure appears to do no more than to enclose space, a feeling reinforced by its interior movable partitions. It was one of 20 buildings that Mies designed for the school's 100-acre campus on Chicago's South Side. Crown Hall is as good an example as any of Mies's "skin-and-bones architecture," a phrase that he once used to describe his point of view.

The Chicago Federal Center, Mies's largest complex of high- and low-rise buildings, was his second favorite. He considered its symmetry symbolic of his lifelong battle against disorder.

Another Chicago creation was fourth--two 26-story apartment house towers at 860 and 880 Lake Shore Drive that overlook Lake Michigan. The facades are all glass. Tenants had to accept the neutral gray curtains that were uniform throughout the buildings and that provided the only means of seeking privacy and excluding light. No other curtains or blinds were permitted lest they mar the external appearance. (He was also the architect of the Promontory Apartments in Chicago, in which he used brick and glass in an exposed concrete frame.)

Mies's fifth favorite was a project for a Chicago convention hall, a place for 50,000 people to gather in unobstructed space under a trussed roof 720 feet square. The project never materialized.

The final pet on the architect's list was the since-destroyed German Pavilion at the 1929 International Exposition at Barcelona. It was, one critic said, "a jewel-case structure employing the open planning first developed by Frank Lloyd Wright that combined the richness of bronze, chrome, steel and glass with free-standing walls."

In addition to the Seagram Building, the architect was represented in the New York area by the Pavilion and Colonnade Apartments, both in Colonnade Park, Newark. He also devised a master plan for a 21-acre development in New Haven.

Mies's most recent building, the National Gallery in Berlin, opened last September. It is a templelike glass box set on top of a larger semibasement, and serves as a museum.

Although many accolades were bestowed on Mies for these and other works, there were also brickbats. "Unsparing," "grim," the work of "barren intellectualism" and "brutal in its destruction of individual possessions and the individual" were some of the terms his detractors used.

"Less is less," they said, turning his aphorism against him.

Taught by Mason Father

Ludwig Mies, who added the "van der Rohe" from his mother's name because of its sonority, learned the elements of architecture from his father, a German master mason and stonecutter, and from studying the medieval churches in Aachen.

At times, friends recalled, he would describe with unrestrained enthusiasm the quality of brick and stone, its texture, pattern and color.

"Now a brick, that's really something," he once said. "That's really building, not paper architecture."

For him the material was always the beginning. He used to talk of primitive building methods, where he saw the "wisdom of whole generations" stored in every stroke of an ax, every bite of a chisel.

His students in the United States and Germany had to learn the fundamentals of building before they could start to consider questions of design. He taught them how to build, first with wood, then stone, then brick and finally with concrete and steel.

"New materials are not necessarily superior,"
he would say. "Each material is only what we make it."

At Aachen Mies attended trade school and became a draftsman's apprentice before setting off for Berlin at the age of 19 to become an apprentice to Bruno Paul, Germany's leading furniture designer. Two years later he built his first house, a wooden structure on a sloping site in suburban Berlin. Its style was 18th century.

In 1909 Mies apprenticed himself to Peter Behrens, then the foremost progressive architect in Germany, who had taught Le Corbusier, and Walter Gropius. Mies was put in charge of Behrens's German Embassy in St. Petersburg, Russia.

House Never Built

Going to the Netherlands in 1912, Mies designed a house for Mrs. H. E. L. J. Kroller, owner of the renowned Kroller Muller collection of modern paintings, near The Hague. He set up a full- scale canvas and wood mock-up on the site to assure perfection, but the house was never built.

Mies returned to Berlin in 1913 and opened his own office, but with the outbreak of the war in 1914 his life was dislocated for four years in the German Army, during which he built bridges and roads in the Balkans. After the war, with his own style coming into definition, he directed the architectural activities of the Novembergruppe, an organization formed to propagandize modern art, and became one of the few progressive architects of the time to employ brick.

Often he would go to the kilns to select one by one the bricks he wanted. He used them for the monument (now destroyed) to Karl Liebknecht and Rosa Luxemburg, the German Communist leaders; for suburban villas for wealthy businessmen; and for low-cost housing for the city of Berlin.

From 1926 to 1932 he was first vice president of the Deutscher Werkbund, formed to integrate art and industry in design. He directed the group's second exposition, the Weissenhof housing project erected in Stuttgart in 1927.

The peak achievements of Mies's European career were the German Barcelona pavilion and the Tugendhat house in 1930. A. James Speyer, a critic for Art News, extolled them both as "among the most important buildings of contemporary architecture and the most beautiful of our generation." The pavilion consisted of a rectangular slab roof supported by steel columns, beneath which free-standing planes of Roman travertine, marble, onyx and glass of various hues were placed to create the feeling of space beyond. The Tugendhat house permitted space to flow in a similar fashion.

In 1930 Mies took over direction of the Bauhaus, a laboratory of architecture and design in Dessau, Germany. It was closed three years later after the Nazis attacked the architect as "degenerate" and "un-German."

At the urging of a New York architect who was a close friend, Philip C. Johnson, Mies emigrated to the United States to head the School of Architecture at the Armour (now Illinois) Institute of Technology in Chicago. He retired from the post in 1958.

As a teacher Mies did not deliver formal lectures, but worked, seminar fashion, with groups of 10 or 12 students. His method of teaching, according to a former student, was "almost tacit." "He was never wildly physically active, and he did not do much talking," this student recalled, adding that Mies, sitting Buddha-like, would frequently puff through a whole cigar before commenting on a student sketch.

Abandoning the Beaux Arts system based on competition for prizes, Mies sternly told his students:

"First you have to learn something; then you can go out and do it."

He was not one to tolerate self-expression among his students. One of them once asked him about it. Silently he handed the student a pencil and paper. Then he told her to write her name. This done, he said:

"That's for self-expression. Now we get to work."

Another former student thought of Mies as "a great teacher because he subjects himself to an extraordinary discipline in thinking and in his way of working, and because what he is teaching is very clear to him."

Mies himself was quite confident of his influence.

"I don't know how many students we have had," he said a couple of years ago, "but you need only 10 to change the cultural climate if they are good."

Mies was well-to-do, but not wealthy. He received the usual architect's fee of 6 per cent of the gross cost of a building, but he was not a very careful manager of his income, according to his friends. He was considered generous with his office staff and on spending for designs that were unlikely to see the light of day.

The architect received three noteworthy honors--the Presidential Freedom Medal and the gold medals of the Royal Institute of British Architects and of the American Institute of Architects. He was a member of the National Institute of Arts and Letters.

Fuente: The New York Times. August 19, 1969.
Las negrillas son de mi autoría.
Fotografía: LIFE

martes, 10 de noviembre de 2009

SENSACIONES Y ARQUITECTURA - XXI

IDEAS PROYECTUALES 11/PROJECT IDEAS 11

“Casi por costumbre, el gran público suele subestimar el diseño arquitectónico. Esto puede explicarse a menudo por el simple hecho fisiológico de que muchos individuos están mucho menos dotados y desarrollados visualmente de lo que suponemos. Si solo discutimos y tratamos la arquitectura en el terreno visual, como lo hacemos usualmente, estos individuos permanecerán necesariamente indiferentes o poco interesados. Por lo tanto, deberían estudiarse también otros aspectos sensoriales. …

Generaciones de niños y niñas conocen hasta la saciedad el olor del salón de clase… De hecho, los olores del medio escolar, como de otros medios también, se retienen detalladamente en la memoria y se reconocen, años más tarde, más rápidamente que los rasgos visuales de la arquitectura correspondiente…

Dicho sea de paso, es un procedente significativo para el medio construido el hecho de que los jardines se hayan diseñado también sobre una base olfativa y no solo principios visuales.

Íntimamente relacionada con la percepción de los olores esta la del contenido de humedad del aire encerrado por el espacio arquitectónico y del movimiento de este aire. Este sentido obedece a los receptores cutáneos que registran la temperatura más baja que la del cuerpo y que entran en acción cuando se acelera la evaporación de la finísima capa de humedad que cubre nuestra piel. Podemos percibir sensorialmente el grado de esta aceleración, y gracias a ello nos damos cuenta de la velocidad y la intensidad del movimiento del aire a nuestro alrededor.

Las corrientes de aire se ven obligadas a adoptar ciertos trazos perceptibles por la forma del recinto en que se producen y la situación de las entradas de aire…. Todo interior construido, toda disposición arquitectónica, aun la de una simple estancia de ventilación cruzada, requiere – y debe diseñarse atendiendo a esto- un trazo especifico de corrientes de aire, que puede percibirse normalmente por nuestros sentidos de tacto y temperatura.

Desde un principio, podemos diseñar un cuarto, su origen y sus materiales de tal manera que las pérdidas de temperatura, la irradiación y las corrientes de aire sean rasgos importantes de nuestra disposición. De este modo, podremos lograr una diferenciación más rica y más agradable que si nos estuviéramos en nuestro diseño solamente a la percepción visual y desatendiésemos todos los demás objetivos sensoriales.

En las habitaciones humanas, los estímulos complejos interiores provienen del diseño de las piezas y de los artículos con que nos rodeamos en ellas. La silla, cerca del escritorio, determina nuestra postura; también el diván en el que nos recostamos a leer una lámpara que puede estar bien o mal colocada. O, por ejemplo, ese mismo diván puede estar planeado y colocado sin tomar en consideración una magnifica ventana, de modo que tengamos que torcer el cuello en vano para poder gozar del paisaje. El problema de la postura relaciona un gran número de experiencias sensoriales con la vista, que se relaciona no solo con los ojos, sino con todo el cuerpo.

Es evidente que el diseño de una pieza y de sus materiales obliga a ciertos movimientos habituales y a ciertas posturas. El adoptar y abandonar una postura, cualquier acto muscular, establecen a su vez lo que se llama una pauta cinestésica, compuesta de estímulos interiores, sucesivos y simultáneos. Así, estos estímulos producen en nosotros reacciones importantes, ocasionan actos de reflejos condicionados por un uso rutinario de los muebles, de las lámparas y de miles de artículos que por su colocación y su función, pueden ser útiles o perniciosos. Las reacciones de que hablamos no son conscientes a menudo, y en muchos casos no nos impelen a entrar en acción para poner un remedio. Muchas veces son emocionales, pero acumulativas, de tal modo que su resultado y, por tanto, el efecto que nos produce la pieza en que vivimos, puede producirnos depresión o alegría.

Así, la pauta cinestética interior que mencionamos está íntimamente ligada a la disposición y la pauta del diseño exterior. La arquitectura, en efecto, precisamente una pauta de esta clase, establecida a nuestro alrededor para guiar constantemente los movimientos y los esfuerzos de ojos, cuellos, brazos y piernas y puede hacer posible o impedir que disfrutemos de alivio corporal y de satisfacción emocional.

…”

Nota: cursiva y negrita son de mi autoría.

Richard Neutra. Planificar para sobrevivir. Primera edición; Fondo de cultura Económica. México. 1957

viernes, 6 de noviembre de 2009

PLAZA VICTOR J. CUESTA

MATERIALES DE PROYECTO 6/PROJECT MATERIALS 6

DURAN&HERMIDA arquitectos
Cuenca. Ecuador.
2008

Proyecto premiado en la XVI BAQ Quito debido a que "...logra un espacio público de calidad doméstica, acorde a la escala del contexto, con detalles cuidados y sutiles y que pone en valor el contorno compuesto por edificaciones de tipo tradicional", según consta en el acta del jurado. Nótese que el espacio de circulación diagonal se planteó como respuesta al flujo previo, ya tradicional o de uso común, de la plaza anterior; integrando así, un nuevo ordenamiento formal-espacial al uso y costumbre peatonal anterior, permitiendo a los pobladores identificarse rápidamente con el mismo.

En palabras del propio Estudio D&H:

"El proyecto de Readecuación de la Plaza “Víctor J. Cuesta” partió de un estudio minucioso del lugar, de los usos, de las circulaciones y de los niveles de la Plaza pre-existente.

Se propuso crear un espacio abierto con una única plataforma que se adapte a los niveles de las cuatro esquinas de manera que se garantice la accesibilidad a todas las zonas. La plataforma se construyó con pavimento de piedra que va desapareciendo paulatinamente para dar paso a la hierba. Para superar los desniveles dividimos la plataforma en 7 franjas transversales. Estas franjas respetan la pendiente natural del terreno y hacia la zona verde se convierten en terrazas horizontales. En esta parte construimos unos muros de contención, que a su vez son las bases de las bancas, que nos permiten superar las diferencias de nivel entre una terraza y otra.

Las franjas transversales se definen a través de los canales de recolección de agua lluvia y de las bancas de madera de teka que se asientan sobre muros que en unos casos son también muros de contención. La combinación de madera, acero oxidado, piedra y verde dan un carácter particular a la Plaza que la adapta de manera correcta al centro histórico de Cuenca en donde está emplazada.

La zona en donde prima la piedra está pensada como lugar de encuentro, de presentaciones y representaciones, circulación y espera para el bus.

La zona en donde prima el verde está destinada a lugar de juegos para niños y descanso, en ella se construyó una pérgola que tamiza la luz y protege a los usuarios del sol y se sembró varias especies nativas que en su momento cubrirán parcialmente la pérgola y taparán la vía interior que permite el acceso de los vehículos de los vecinos. Se respetó todos los árboles preexistentes y se sembraron otros 5.

En cuanto a la iluminación se colocaron una serie de lámparas bajas que definen la circulación en diagonal dentro de la plaza y una serie de lámparas que iluminan la circulación exterior de la Plaza.

El monumento a Víctor J. Cuesta se trasladó a una zona donde puede ser apreciado desde cualquier punto de la Plaza y se le colocó a una altura en donde puede ser apreciado por todos los transeúntes."









PROYECTO DURAN&HERMIDA arquitectos asociados
Javier Durán y María Augusta Hermida

COLABORADORES Sonia Guzhñay, Edison Castillo, Fernanda Aguirre,
Josué Vega, Cristian Sotomayor

CONSTRUCCIÓN ILUSTRE MUNICIPIO DE CUENCA

FOTOGRAFÍA Sebastián Crespo

Fuentes:
Las imágenes y texto descriptivo fueron proporcionados por la arquitecta María Augusta Hermida, agradecemos su especial deferencia.
La descripción del jurado fue tomado de www.trama.com.ec

lunes, 2 de noviembre de 2009

SENTIDO Y CONSISTENCIA

IDEAS PROYECTUALES 10/PROJECT IDEAS 10

"La obra arquitectónica – la obra de arte, en general- tiene dos componentes esenciales: el sentido y la consistencia. El sentido tiene que ver con las relaciones del objeto y su exterior: material cultural; histórico, en definitiva. El sentido define la posición del arquitecto ante la historia: el modo de interpretar la contemporaneidad con su trabajo. La consistencia tiene que ver, en cambio, con las relaciones interiores a la propia forma: equilibrio coherencia, intensidad y claridad –por referirme a algunos- son atributos de la consistencia formal, es decir, cualidades características de su capacidad para existir, con independencia de cualquier regulación o solicitación que venga del exterior. Sin sentido, la forma es mera sintaxis; sin consistencia, el proyecto es mero desahogo psicológico.

..."

Helio Piñón, Nicanor García. Teoría del proyecto, Edición UPC , 1era ed. Mayo de 2006